Manos morenas, uñas rositas.
Pies negros mmm… qué ideales quedan así las sandalias, y las bailarinas, y las chanclas, y descalzos.
Acabo volver de las vacaciones más reconfortantes, agradables y divertidas del mundo. Como cuando era pequeña. Y con las pilas al 200% pienso que estoy tan contenta con los últimos quince días, que me gusta más haberme ido que seguir aquí pensando que aún no han empezado.

Dos semanas sin pensar qué ponerme, con los rizos hechos rastas, sin llevar otro bolso que el capazo de la playa, y no utilizar más que un bote de protector y otro de aloe, me han inspirado para un post mediterráneo.
Pasando por alto lo complicado que puede ser que todo el mundo se desplace, deberíamos casarnos todos en nuestro lugar favorito. Aunque la idea suene un poco yankee, yo lo haría menos cursi. Como no he estado en ninguna boda de este tipo, no tengo imágenes de inspiración. Es un poco esto:



Pero con menos blanco y un poco más de ese rollo descuidado tan cuidado colores raídos por el sol, ese desorden vintage que nos pirra ultimamente.


Como estando morena no hace falta más, una novia sútil.




Invitadas perfectas, diferentes, cómodas, divertidas.


Decoración con velas.

Cena playera, ligera, referescante y deliciosa.



Y una como colofón, una idea ideal robada a Alejandra, la novia más mona de mis bodas de este verano, que quiso sorprender a Miguel con peceras para decorar las mesas.
/Imágenes de Pinterest/
