El adiós de la tía Marta

Hoy la tía Marta ha pasado un montón de tiempo conmigo. Hemos salido a hacer pises y cacas, y la tía me ha tirado la pelota de tenis para que corriera sin parar detrás de ella. Luego me ha peinado con un cepillo encima de un banco y, después, hemos jugado a perseguirnos el uno al otro por el parque. Lo hemos pasado la mar de bien y, cuando hemos vuelto a casa, la tía Marta se ha sentado en el suelo y me ha dicho que fuera donde ella, que tenía que hablar conmigo.

Entonces la tía Marta se ha puesto muy seria y me ha dicho que me quiere mucho, que soy su perrito preferido del mundo mundial, que no sabe que haría la tía Marta sin Argi y que va a echarme mucho de menos. Y me ha explicado que la tía Marta está muy cansada de recaudar cientos de dineros para construir parques, jardines y anillos verdes interiores, y que, cuando los humanos como ella están cansados, se retiran unos días a una cosa que se llaman vacaciones, y que a las vacaciones de la tía Marta no puede ir perrito. Y me ha contado que, si fuese con ella, tendría que ir en una jaula encerrado y volar muy alto en un pájaro enorme de metal que no huele a pises de otros perritos, y luego pasaría mucho calor y debería esperarla tooodo el día en una habitación que huele a un montón de gente que ha pasado por allí, porque a la playa que va la tía Marta no pueden ir los perritos. Y la tía Marta me ha ha dicho que ella tampoco entiende por qué no pueden ir los perritos, porque sí pueden ir los cachorros de los humanos, que gritan un montón, te llenan la toalla de arena, te mojan cuando vuelven del agua y te golpean con una pelota de fútbol. Y también pueden ir unos señores muy rojos llamados “guiris” que beben sin parar, te miran raro y, si hablan, es más raro aún. Y que perrito es mucho más cívico y mucho más sentido que muchos de los humanos que veranean en esas playas, pero que ella no marca las normas, sólo las cumple.

Así que la tía Marta me ha explicado que pasaré unos días con la tía Juana y que lo voy a pasar muy bien, porque la tía Juana también me quiere un montón, y que ella volverá pronto, en menos tiempo de lo que tardo en comerme un hueso. Y me ha acariciado sin parar, y me ha preguntado que quién era el perrito más bonito del mundo mundial, y yo le he lamido las manos y los brazos sin cesar, porque la tía Marta se va de vacaciones, y yo sé que pronto volverá.

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