Lo sé. Hay exceso de grasa y falta de ropa en esta foto, pero la playa, amigos míos, amerita este tipo de sobrantes y faltantes.
Mientras más disfrutábamos del agradable baño, con tanto calor que anuncia ya el verano cubano, llegaron Carlos Alberto- mi Carlos Alberto- y Olgui, a visitarnos, de sorpresa, como acostumbra a hacer el gordo más bello de mi vida.
Fue rápido, de apaga fuego, como también acostumbra a hacer, pero fue buena. Desde bastante tiempo atrás ya extrañaba sus nalgadas y sus pellizcos, sus besos apretados y sus dicharachos.
Como siempre, él me conoció a la distancia, y yo dudé que esa ballena “panzudita” fuera mi mango; pero es así, cada familia tiene su “clase” muy especial, y no por nada, pero la clase en mi familia es de primera…